JOSÉ MARÍA DÍEZ


El primer crepúsculo de Cristina. Óleo sobre tabla, 21,5 x 29 cm

 

LA LUZ EN LA MEMORIA

La luz en la memoria es una colección de pinturas al óleo en la que, nuevamente, el color toma fuerza en mi trabajo. Después de un paréntesis en el que, con denuedo, he producido varias series a grafito sobre papel, vuelvo al color con total dedicación. Esta necesidad de renovarme con el uso del lenguaje cromático es consecuencia, precisamente, de ese cierto alejamiento del mismo, en esa época en la que me han interesado más las gradaciones monocromáticas y sus efectos en la pupila y en el alma.

Pero, una vez iniciado el camino, reparo en que en este cambio de ciclo sigo buscando lo mismo: la luz. Si algo me motiva a la hora de trabajar, sea cual sea el medio o el soporte en que lo haga, siempre es el encuentro con la luz, ese elemento que dota de forma a la esencia de las cosas.  La luz es, en sí, un lugar: el lugar por excelencia de la pintura. Paradójicamente, es como el escenario que acoge la escena, la tramoya que permite que suceda lo que sucede. La luz es, pues, el espacio que hace que las cosas se vean como se ven; es decir, que las cosas sean como son. Pero, por extensión, la luz es el aire, el volumen, el matiz, la cercanía o la lejanía, y proporciona el valor cromático (en este caso) a la escena. Con esa idea en la cabeza han ido naciendo estas obras, piezas que tienen diferentes formatos, tamaños y soportes. 

Y, una vez más, el paisaje es el protagonista. Son lugares transitados y vividos, aunque algunos de ellos nacen de la imaginación, previamente seleccionada por el recuerdo de momentos acaecidos en mis viajes o en mis estancias, y que han quedado en lo más profundo de la memoria. 

Por eso, La luz en la memoria es, también, una invitación al viaje. De las experiencias más grandes del ser humano, viajar es una de las que más nos ensancha el espíritu, en tanto que supone un acicate para el conocimiento, no sólo del exterior, sino también de nuestro interior. Dejarse seducir por el recodo del camino, por el fulgor de las mañanas, por el verdor de las montañas, por la calidez de la tierra, por el blanco de la cal… es un ejercicio de espiritualidad que nos acerca a la esencia más humana de nuestra especie. Así que vayamos rehaciendo el camino para recordar las luces que nos han hecho felices.

 

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