JOSÉ MARÍA DÍEZ

 

 

 

LOS SONIDOS DE LA ARCADIA

La Arcadia vive en algún lugar de la entraña. Alguna vez, las almas sensibles se han asomado a ella, bien por casualidad o bien por la necesidad perentoria que las agita cuando son engullidas por el fragor de las ciudades, o cuando la insana rutina se asienta en el devenir de los días. Alguna vez la han entrevisto en las lluvias de enero, en los paisajes abruptos repletos de fronda y ríos, o enmascarada entre versos de poetas predilectos... En mi caso, además, durante los últimos años, siempre la escucho en las notas de algunos temas musicales de un dúo norteamericano de música neoprogresiva llamado Hammock. Uno de estos pasajes se titula One another. Sus sonidos fricativos -curiosamente muy cercanos a texturas industriales- me desvelan horizontes perdidos que aparecen detrás de geografías imponentes. Son como luces prístinas que diluyen toda la escena en un baño de aire que casi se podría cortar. Confieso mi deuda para con One another; confieso que de la pasta de sus acordes repetitivos se han fabricado un montón de dibujos muy íntimos, como si los sonidos hubieran ejercido de medium  para acercarme a otro tipo de conciencia. De sus escuchas, lentas y cíclicas, he ido destilando estados de ánimo que rondan un misticismo laico por donde, con mucha pureza, el alma se ha ido deslizando hacia lugares interiores en formas de paisaje.

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